La inmortalidad de los poetas
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Por: Sergio H. Lantigua
Aunque no sea un ferviente admirador de las veneraciónes por su faceta eufemista y por creer que las mismas envanecen el egocentrismo del individuo, exaltándoles hasta un apócrifo estrado de grandiosidad petulante, pingüe usufructo de nuestra formación intelectual, no por ello, soy un antagonista resoluto a su ocurrencia, todo lo contrario; percibo una gran satisfacción y admiración intrínseca, cuando otros correligionarios cosechan preseas por su faena. Porque entendemos, que esto forma parte esencial de la coreografía con que se retribuye la labranza decollante de aquellos meritantes a estos resaltantes estímulos.
No todos estamos acondicionados para reciclar éticamente, esta dosis de notoriedad sin que ésto altere nuestro carácter en lo primordial. El cosecho constante de estas alabanzas, adulteran nuestro prurito aunque no querramos admitirlo, pués nos convertimos en extrovertidos narcisistas de nuestra propia celebridad. En otros términos, nos acostumbramos de una manera tal a ser idolatrados que cuando no recibimos el lauro, lo provocamos; como en el caso singular de los artistas, quienes al sentir que su fama va menguante, urden extravagancias con fines propagandísticos, obteniendo difusión de balde por ese arbitrio y así mantenerse vigentes frente a sus prosélitos.
Mi propensión subjetiva es introvertida , porque así salvaguardo algo que en mi concepto tiene un valor indescriptible - mi sosiego personal y espiritual. Hemos atracado y anclado nuestra incólume barca en un puerto flemático donde ciertos incentivos de la vida, ya no ejercen en nosotros ese perentorio magnetismo de otrora. Ahora tasamos el sosiego en su verdadero dividendo lo que nos permite el enfoque y metamorfosis de lo que nos deleita hacer - versos.
Toda ésta alegoría es solo una urdimbre para crearle un cimiento a nuestra partitura versista en ésta oportunidad. Recordemos que el rol preponderante de los poetas es de tergiversar las apariencias impermutables para introducirnos a la mundología de lo utópico.
Será pués hasta nuestro próximo encuentro lírico.
Con gran afecto desde Pensylvania, USA.
Su seguro servidor y compueblano.
Sergio H. Lantigua (Hijo de Sergio Lantigua-El Relojero)
arlsergio@yahoo.com
LA INMORTALIDAD DE LOS POETAS
Cuando la brisa sople parsimonia y las hojas en el Otoño se abriguen
Cuando el sol en su presumido vestuario por alguna razón ya no brille
Cuando el infinito desde su observatorio vea que la tierra ya no gire
Un sollozante silencio cabalgando en el tiempo saldrá en futil procura
Del poeta al que solo conociese. No en persona sino su pensamiento
Al que nunca le viese llorar ni languidecer al escribir sus emotivos versos
El que jamás refutó sonrojarse cuando imberbe otorgó su primer beso
Al que nunca se le viera reir de alegria perniciosa en su mejor momento
Al que nunca le oyeren cantar sino pincelar su vida en inmaculado lienzo
Coplas inmortales que siempre estarán vigentes con altruísta moraleja
Alargandonos sus manos si sucumbimos al frustrado egotismo disfrazado
Alquien tendrá que encargarse de que sus versos nunca lleguen al ocaso
Los poetas siempre mueren esperando que sus versos sean recordados
Aunque más allá de la vida le volverán a leer muchos que le amaron tanto
Adeptos con los que nunca alternara y que habrán de extrañar su canto
Rindamos pués pleitesía al poeta que marchara dejandonos su gentil legado
Dediquemosle una piadosa alabanza para que encuentre su alma descanso
Mi plausible homenaje al poeta soterrado con toda su creativa imaginación
Del que solo sobreviven las estrofas que emergieron de su ubérrima musa
Porque los poetas se hacen eternos al germinar en nosotros su inspiración
Aunque no sea un ferviente admirador de las veneraciónes por su faceta eufemista y por creer que las mismas envanecen el egocentrismo del individuo, exaltándoles hasta un apócrifo estrado de grandiosidad petulante, pingüe usufructo de nuestra formación intelectual, no por ello, soy un antagonista resoluto a su ocurrencia, todo lo contrario; percibo una gran satisfacción y admiración intrínseca, cuando otros correligionarios cosechan preseas por su faena. Porque entendemos, que esto forma parte esencial de la coreografía con que se retribuye la labranza decollante de aquellos meritantes a estos resaltantes estímulos.
No todos estamos acondicionados para reciclar éticamente, esta dosis de notoriedad sin que ésto altere nuestro carácter en lo primordial. El cosecho constante de estas alabanzas, adulteran nuestro prurito aunque no querramos admitirlo, pués nos convertimos en extrovertidos narcisistas de nuestra propia celebridad. En otros términos, nos acostumbramos de una manera tal a ser idolatrados que cuando no recibimos el lauro, lo provocamos; como en el caso singular de los artistas, quienes al sentir que su fama va menguante, urden extravagancias con fines propagandísticos, obteniendo difusión de balde por ese arbitrio y así mantenerse vigentes frente a sus prosélitos.
Mi propensión subjetiva es introvertida , porque así salvaguardo algo que en mi concepto tiene un valor indescriptible - mi sosiego personal y espiritual. Hemos atracado y anclado nuestra incólume barca en un puerto flemático donde ciertos incentivos de la vida, ya no ejercen en nosotros ese perentorio magnetismo de otrora. Ahora tasamos el sosiego en su verdadero dividendo lo que nos permite el enfoque y metamorfosis de lo que nos deleita hacer - versos.
Toda ésta alegoría es solo una urdimbre para crearle un cimiento a nuestra partitura versista en ésta oportunidad. Recordemos que el rol preponderante de los poetas es de tergiversar las apariencias impermutables para introducirnos a la mundología de lo utópico.
Será pués hasta nuestro próximo encuentro lírico.
Con gran afecto desde Pensylvania, USA.
Su seguro servidor y compueblano.
Sergio H. Lantigua (Hijo de Sergio Lantigua-El Relojero)
arlsergio@yahoo.com
LA INMORTALIDAD DE LOS POETAS
Cuando la brisa sople parsimonia y las hojas en el Otoño se abriguen
Cuando el sol en su presumido vestuario por alguna razón ya no brille
Cuando el infinito desde su observatorio vea que la tierra ya no gire
Un sollozante silencio cabalgando en el tiempo saldrá en futil procura
Del poeta al que solo conociese. No en persona sino su pensamiento
Al que nunca le viese llorar ni languidecer al escribir sus emotivos versos
El que jamás refutó sonrojarse cuando imberbe otorgó su primer beso
Al que nunca se le viera reir de alegria perniciosa en su mejor momento
Al que nunca le oyeren cantar sino pincelar su vida en inmaculado lienzo
Coplas inmortales que siempre estarán vigentes con altruísta moraleja
Alargandonos sus manos si sucumbimos al frustrado egotismo disfrazado
Alquien tendrá que encargarse de que sus versos nunca lleguen al ocaso
Los poetas siempre mueren esperando que sus versos sean recordados
Aunque más allá de la vida le volverán a leer muchos que le amaron tanto
Adeptos con los que nunca alternara y que habrán de extrañar su canto
Rindamos pués pleitesía al poeta que marchara dejandonos su gentil legado
Dediquemosle una piadosa alabanza para que encuentre su alma descanso
Mi plausible homenaje al poeta soterrado con toda su creativa imaginación
Del que solo sobreviven las estrofas que emergieron de su ubérrima musa
Porque los poetas se hacen eternos al germinar en nosotros su inspiración
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